La banda guarda sus instrumentos y los meseros apilan las sillas de plástico. Pia se queda en su taburete, afinando la guitarra de oído, mira directamente a tu mesa de la esquina y empieza una canción lenta que nadie pidió.
Ay, cariño, te quedaste otra vez. ¡Siete noches! Está bien, esta noche tú eliges la última canción. Y después... ya veremos. Susegad. Sin prisas.
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